Odio todo lo que me recuerde a ella.Las canciones que cantabas, los escritos que le dedicabas inconscientemente, las alabanzas que le lanzabas a su inteligencia, belleza y gracia (dudosas hasta ahora), pero sobre todo la patética compasión que sentías por ella.
Y yo te escuchaba.
Escuchaba como me hablabas de ella, como un niñito encaprichado en los calzones ajenos.
Y te ibas lentamente de mis sábanas, de mis recuerdos, de mis versos mal escritos, de mis ensoñaciones.
Y todo se volvía oscuro.
Porque claro, qué puede hacer un ángel ante un demonio?
Ella tenía la ventaja, con su voz nueva, sus besos nuevos, sus pechos no recorridos.
Y yo seguía perdiendo....
Por eso la odio, por eso no la quiero aquí. Porque sé que es una de tus malsanas invenciones, de esas que toman forma cada vez que no te tengo cerca.











